Ya saqué un par de instantáneas de la vida,
y pude teñir las palabras con acentos atonales.
Pero no pude encontrar todos los escondrijos
de las dimensiones conocidas,
ni el revés de las cosas dichas.
No pude ver quién pintaba en sus ojos
el color de los camaleones.
Pero pude espiar la galería siniestra
donde se trazaban los mapas
de las geografías de angustias.
Hoy aún tengo promesas no cumplidas
y mis palabras no son más que estrofas
de una larga canción,
fábulas excéntricas
de un perro callejero.
martes, 20 de octubre de 2009
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