La canción es la misma,
la poesía es la misma,
como los puentes, como
los ríos, van para el mismo
lado, a veces a ningún
lugar.
Un hombre lanza una
flecha que se hunde en el
pecho de otro hombre; un
hombre reza, otro baila;
algunos se sumergen en
mares de espera, otros
decidieron buscar refugio
en la magia, intentando
interpretaciones
supersticiosas del curso de
los vientos, de las manos y
las pisadas de la historia...
La canción va destejiendo
los hilos enredados de una
vieja madeja; los
trovadores somos gente sin
refugio; la poesía va
desmitificando los valores
sobre los cuales se edifica el
modelo del poder y el
orden.
Ahora el potro vuela en la
cornisa de los tiempos, el
poeta traza personajes que
se reflejan en espejos
contradictorios.
La canción es la misma, el
camino tiene huella de
viejos carros, aunque los
satélites espíen tus
insomnios, aunque en este
mismo momento esté
fabricando las matrices de
tu pensamiento.
Un poeta sin rumbo
enciende su lámpara, un
trovador canta al borde del
precipicio, y un viejo
anarquista vuelve a
encender la mecha.
martes, 20 de octubre de 2009
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